Manga reseña: "La oruga" de Suehiro Maruo

Reseña de "La oruga". Un manga editado en rústica con sobrecubierta y en blanco y negro por la desaparecida editorial Glenat. Dentro del manga existen diversas vertientes (shonen, seinen, hentai) dirigidas hacia un público muy específico. Este es un ejemplo de una de sus variantes más extremas.

"La oruga" de Suehiro Maruo

El manga resulta en nuestro país una suerte de mercado fraccionado del que apenas nos llegan en realidad fragmentos en comparativa a su enorme producción primigenia. No obstante, la consolidación de sus ventas en occidente tiene como motivo de regocijo la disponibilidad de una serie de autores y obras fascinantes capaces de generar un tipo de lectura muy diferente al habitual del mainstream americano, al clasicismo franco-belga o al humor patrio, por citar tres grandes grupúsculos con gran bocado dentro de la industria en nuestro país. Manga se pudo considerar en su momento de modo algo genérico, torpe e incompleto, como sinónimo de series, personajes y ventas encauzadas prioritariamente hacia adolescentes. Pero con su explosión de popularidad hace ya bastantes años, surgen nombres centrados en el tratamiento adulto de sus temáticas y aproximaciones, como los inagotables y poliédricos registros del Dios Tezuka, la sensibilidad emocional de Taniguchi o el drama descarnado de Tatsumi. Y dentro de esta vertiente adulta en general y del terror y/o fantástico en particular, destaca sobremanera Suehiro Maruo, un pulcro y virtuoso dibujante capaz de alcanzar las cotas más elevadas de -enfermiza- sugerencia sensorial.

Que un ilustrador consiga perturbar a sus lectores, incomodando no solo con el impacto de las tramas que aborda, sino con la materialización y puesta en escena de sus visiones, de su narrativa, es motivo de profunda reflexión y respeto para con el mismo, pues nos interese más o menos el contenido de su trabajo, uno toma constancia de la potencia de su discurso de modo innegable e irrefutable. "La oruga" es la traslación al manga de una historia de Rampo Edogawa, del que Maruo ya adaptase la excelente "La extraña historia de la isla panorama". En este caso el alcance de su capacidad expresiva se dispara, explotando al máximo la desagradable fuerza de un blanco y negro impecable volcado en los detalles más malsanos e insalubres de una tormentosa relación de dependencia entre un soldado mutilado y su mujer, que lo cuida, ama y odia hasta perder el control.

El ambiente pesadillesco, lúgubre y opresivo del relato se ve potenciado hasta el infinito por un Maruo desatado en fisicidad e impacto visual, que planifica e incrusta en la retina del lector una sucesión de viñetas, que de pausadas y contenidas en su primera parte, pasa a asfixiante, casi supurante en su segunda mitad, hasta abocar a los personajes a un final terrible. La trama, apenas una excusa teatral (dos caracteres encerrados durante gran parte del relato en la misma habitación), puede parecer escasa y poco desarrollada, pero el derroche de talento del japonés compensa con creces las limitaciones y contraindicaciones del conjunto. Glenat editó con un envoltorio de lujo la edición en rústica con sobrecubierta, quizás algo cara en relación al suspiro en que se devora el libro, pero uno siempre puede repetir el plato, aunque sea uno tan fuerte como este. No recomendado para ojos sensibles.

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