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Reseña de "La protectora" de Keko. Seguir los pasos de una novela tan mítica y significativa como es "Otra vuelta de tuerca" de Henry James supone un reto de proporciones casi descabelladas para cualquier aventurado a continuar con su trama, que es justo lo que este trabajo aborda.

"La protectora" de Keko

Hacerlo además en cómic se convierte en el súmum de la ambición (y éxito en este caso) de su arriesgado responsable, el madrileño Jose Antonio (Keko) Godoy Cazorla, un autor poco prolífico pero de notables aptitudes y trazo inconfundible que ya dio muestras sobradas de genio con "La Casa del Muerto". A la dificultad intrínseca de retomar y ampliar el devenir de los supervivientes de la historia respetando la complejidad malsana de su discurso y la personalidad de sus caracteres, se añade al tiempo la indefinible sensación de reto a lo imposible que es transferir a las planchas resultantes toda la carga dramática y despiadada del reflejo implacable al que el escritor somete nuestra mente ahondando con un -inicialmente codificado y asumible- cuento gótico de fantasmas, en los vericuetos más retorcidos y lúgubres del alma humana. Keko no solo consigue mantener la solidez de una historia de horror ya clásica, sino que alcanza a sugerir con su ilustración y puesta en escena cotas altísimas de angustia, asfixia y claustrofobia, de una desolación existencial demoledora.

En otras palabras, consigue ponerse casi a la altura de Henry James e iguala al único artista que había sido capaz de crear -de modo real y efectivo- miedo con viñetas; el maestro argentino Alberto Breccia. Los peros al trabajo son evidentes; la incomodidad de su poco agradable temática, su pesimista mensaje o lo atípico de su estructura narrativa así como la posible dificultad de asimilación de un dibujo en blanco y negro portentoso (lleno de tramas y masas de negro que le dan un aspecto sucio, abandonado, oscuro, de daguerrotipo de finales del siglo XIX con similitudes conceptuales a "From Hell" de Eddie Campbell), cargado de significado y sutileza, pero también cargante, opaco y opresivo hasta límites casi insostenibles. Ponent cuaja una edición pulcra en tapa dura y papel satinado, que desde hace tiempo se puede encontrar de saldo. Un cómic soberbio pero no apto para todos los públicos.

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